Ciencia burocrática

      Este 17 de marzo se llevó a cabo en el Senado una audiencia pública para socializar el proyecto de ley No. 162/15 mediante el cual se busca transformar a COLCIENCIAS en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

     Colciencias necesita más herramientas con las cuales impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación CTI en el país. Pero los recientes hechos hacen creer que el gobierno piensa impulsarla a punta de tinta y papel –y no con más dinero como debería ser-. Es la vieja estrategia política en Colombia de impulsar todo a punta de actos burocráticos, leyes y decretos, con poco sustento material.

     Entonces, ya que Colciencias se convertirá en ministerio, es necesario advertir que el impulso a la ciencia y la innovación no aguanta más cambios de nombres y etiquetas, más leyes, “programas”, CONPES y decretos. Porque ya tenemos suficiente de “comisiones de sabios” y de rimbombantes instituciones de emprendimiento que dispersan los esfuerzos –como Innpulsa-. Lo que Colciencias necesita es sola una cosa: más plata.

     En el corto plazo Colciencias como ministerio necesita que se le aumente su presupuesto. Porque de otra manera, ¿de qué sirve un ministerio tan importante para el desarrollo del país con un presupuesto anual de 300.000 mil millones de pesos, un exiguo 0.2 del PIB%? Si queremos una Colciencias convertida en un verdadero Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación necesitamos ver que los números y porcentajes de inversión suban como manantiales de agua en el desierto, para que miles de estudiantes puedan financiar sus estudios doctorales en universidades extranjeras y los investigadores desarrollen sus proyectos de investigación con adecuada financiación.

     La meta debería ser un 1% del PIB de inversión pública en CTI –y no un 1% de inversión entre público y privado, como propone el gobierno-, para que los científicos colombianos puedan trabajar en la resolución de los problemas económicos, sociales, ambientales y de salud de la población colombiana. Y para que las empresas y emprendedores puedan tener una gran piscina de conocimiento de la cual extraer ideas y desarrollar patentes e innovaciones. Y para que todo ese conocimiento generado con ese 1% de la plata se devuelva y difunda entre todos esos colombianos que la financian con sus impuestos.

     Porque el Estado colombiano históricamente ha pensado que las cosas se resuelven haciendo muchos proyectos de ley, donde impera el gobierno del papel. Ha pasado con las leyes de reforma agraria y de reforma tributaria, y seguirá pasando con las leyes de ciencia y tecnología. Una breve historia de Colciencias muestra en cuatro décadas muchos cambios en el tintero, pero pocos en la realidad. Problema que viene del Estado colombiano, y no de la misma Colciencias como muchos recientemente se han dedicado a atacar, sin ver el problema real.

     Así por ejemplo, entre 1940 1960, a la luz de la implementación de políticas desarrollistas y algunos convenios de cooperación internacional, se crearon de forma aislada institutos estatales descentralizados de investigación como el Icetex, Instituto de Investigaciones Tecnológicas, el ICA, el SENA, y el Incora, entre otros centros de investigación privados como Cenicaña y Cenicafé.

     Sólo en 1968 se crea Colciencias y el Consejo nacional de Ciencia y Tecnología CyT, paralelo al despegue de las ciencias sociales y naturales “modernas” en el país, que generaron una oferta importante de programas de pregrado y posgrados y de investigación pionera sobre la realidad colombiana. En 1988 se creó la Misión de Ciencia y Tecnología y dos años después se promulgó la Ley 29 de 1990 donde por primera vez se define una Política Nacional de Ciencia y Tecnología.

     Durante la década de 1990 la institucionalidad científica en Colombia entra a su pubertad, marcada por la adscripción de Colciencias al Departamento Nacional de Planeación DNP, la llegada de más créditos internacionales (BID), la expedición de la Ley 6 de 1992 para incentivos Tributarios a la CyT, la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo (1993), la aprobación del primer Conpes de CyT (decreto 2739 de 1994), el lineamiento “Sistema Nacional de Innovación y Sistemas Regionales” (1995) y la creación del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (1999).

     La década del 2000 fue la más movida en cambios, con la creación del “Documento Conpes 3080 – Política de Ciencia y Tecnología 2000-2002”, y la creación del Programa de Prospectiva Tecnológica (2001). Allí se materializaron importantes avances como las Agendas Regionales de Ciencia y Tecnología, el lanzamiento de la Plataforma ScienTI (2002), los apoyos a programas de doctorado nacionales, se incorporaron recursos permanentes a la CyT en el Plan Nacional de Desarrollo de 2003 mediante la existente Ley 344 de 1996 (que estaba destinada a Programas de Competitividad y Desarrollo Tecnológico Productivo) y se incluyó a Colciencias como “invitado” permanente en la formulación de los Conpes (2004).

     En los años recientes, los hechos más importantes en la vida institucional fueron la sanción de la ley 1286 de 2009 que transformó a Colciencias en el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación y creó el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación SNCTI, la destinación del 10% de los recursos del Sistema General de Regalías SGR al Fondo Ciencia Tecnología e Innovación en el 2011 (aunque se dispuso que Colciencias no manejaría estos recursos) y el borrador del Conpes de Política nacional de ciencia, tecnología e innovación 2015-2025.

     Esta peculiar evolución ha puesto a Colciencias desde sus inicios a hacer más de lo que le corresponde, llenando espacios y falencias de otras entidades, lo que a la larga la ha desgarrado al ponerla “entre la legitimidad, la normatividad y la práctica”. Así, lo que queda hoy en día de todos estos cambios es una Colciencias débil, deslegitimada tanto por el gobierno que no sabe qué hacer con ella como por sus principales beneficiarios que son la comunidad científica, el sector privado y las organizaciones civiles. Por eso, el gobierno debe entender que fuera de convertirse en ministerio Colciencias necesita sobre todo más presupuesto.

     Y la comunidad científica debe entender que más que estigmatizar a Colciencias –a lo que se han dedicado algunos recientemente-, lo que debería hacer es rodearla, y con el mismo espíritu crítico que profesa en su quehacer, comprender que la raíz del problema está en las políticas de Estado y no en la buena voluntad de sus funcionarios que hacen lo que mejor pueden con los recursos que cuentan.

 Historiador de la Universidad del Valle y Magíster en Estudios Organizacionales de la Universidad de los Andes. @JulioZuluaga83

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Riqueza sin escrúpulos: empresarios, ilegalidad y corrupción

En medio de los escándalos de corrupción, no se ha mirado bastante al papel del sector privado.   ¿Por qué tantos empresarios colombianos escogen ese camino en vez de hacer innovaciones, elevar la productividad o producir valor agregado para obtener sus ganancias?

Nuestro propios “lobos”

Después de ver la película El lobo de Wall Street es imposible no pensar en casos similares de empresas y empresarios colombianos: el cartel de la contratación en Bogotá, el programa Agroingreso Seguro, Interbolsa, las EPS, las organizaciones empresariales criminales, la adquisición de terrenos baldíos, o los presuntos socios de la “red de corrupción” en las fuerzas armadas  que ha sido descubierta en estos días.

Estos casos nos muestran cómo algunos empresarios emplean sus talentos para acumular riqueza sin producir ningún valor agregado, mediante prácticas de corrupción, clientelismo, captura de rentas e ilegalidad – actividades destructivas de la riqueza y de los recursos ya existentes-.

La actividad empresarial puede tener efectos diferentes  sobre la economía y el bienestar social de los países.

Se trata entonces de riqueza privada a costa de la sociedad colombiana, o de empresarios que en efecto actúan como lobos.

Varios tipos de empresarios

Sin duda alguna, los empresarios juegan un papel muy importante –aunque no exclusivo- en las  economías contemporáneas, por ser los agentes encargados de enfrentar la incertidumbre, de introducir innovaciones y de coordinar los factores de producción de manera eficiente.

Dotados de habilidades y motivados por la búsqueda legítima de beneficios privados, los empresarios pueden lograr mejoras en la  productividad o aumentos en el ingreso per cápita, dos dimensiones reconocidas como indicadores del desarrollo económico. Por esta razón, la visión convencional sostiene que entre más emprendedores haya en una sociedad, mayor será su nivel de actividad empresarial y por ende mayores sus niveles de desarrollo.

Sin embargo, algunos estudios recientes han encontrado evidencia contraria a ese argumento: no siempre existe una relación significativa (e incluso se dan casos de relación negativa) entre tasas de actividad emprendedora y desarrollo económico.  Dicho de otra manera: la actividad empresarial puede tener efectos diferentes  sobre la economía y el bienestar social de los países.


El economista Estadounidense William Baumol.
Foto: Ville Oksanen

“Emprendedores colombianos”

Para mejor entender la situación colombiana habría que admitir que nuestro atraso relativo no se debe a la falta de emprendimiento ni de empresarios –como implícitamente se cree desde hace unas décadas-, sino al exceso de comportamientos empresariales de tipo rentístico, improductivo y destructivo, que generan altos beneficios privados pero pocos beneficios sociales.

Esta hipótesis sería confirmada por los muchos escándalos que relacionan empresarios y corrupción, captura del Estado y clientelismo, ilegalidad y nexos con el crimen organizado. Aunque lo anterior sucede en mayor o menor medida en cualquier país, la pregunta es por qué en Colombia han predominado estos comportamientos.

Los empresarios colombianos tienen, en principio,  las mismas cualidades de un empresario moderno: son creativos, innovadores, capaces de asumir riesgos y de lidiar con la alta incertidumbre del entorno, además de habilidades para coordinar los factores de producción. Pero es igualmente cierto que buen número de empresarios utiliza estas habilidades para acrecentar su riqueza, prestigio y poder en desmedro de los recursos y el bienestar de la sociedad colombiana.

Así, aunque se diga que el empresariado colombiano es innovador, hay que precisar que mucha de esa innovación consiste en formas novedosas de captura del Estado, corrupción y formas de organización para apropiarse de las rentas sin crear valor agregado.

Así, aunque se diga que el empresariado colombiano es innovador, hay que precisar que mucha de esa innovación consiste en formas novedosas de captura del Estado, corrupción y formas de organización para apropiarse de las rentas sin crear valor agregado. Los ejemplos y escándalos son abundantes y bien conocidos.

Por supuesto, no se trata de volver a los debates estériles del pasado que veían al empresariado como un villano, sino de comprender las razones que llevan a que en algunos sectores predominen ese tipo de comportamientos que impiden el progreso económico y social.

Dos preguntas

Sin tocar el tema de la moralidad del comportamiento de los empresarios, a partir de la  historia reciente cabe plantear dos preguntas importantes para Colombia:

1- ¿Cómo se explica que tantos empresarios dediquen sus habilidades a la obtención de ganancias sin producir ningún valor agregado?

2- ¿Cómo lograr que el talento emprendedor se oriente hacia actividades que generan altos beneficios privados al tiempo que aseguran grandes beneficios sociales?

Aunque estas preguntas ameritan toda una investigación, para empezar me atrevo a señalar algunos puntos y reflexiones basadas en episodios recientes de empresarios improductivos, corrupción e ilegalidad en Colombia.


Empresarios en la Cuarta Ronda de Buenas
Prácticas de Transparencia Empresarial.
​Foto: Transparencia por Colombia

Una posible respuesta

Una manera de entender el comportamiento rentístico de algunos empresarios colombianos se basa en los trabajos del economista William Baumol, quien analiza la influencia de las instituciones —entendidas como “reglas de juego” formales e informales, estructura de incenti­vos y estructura de derechos de propiedad— sobre el desarrollo económico, a través de sus efectos sobre el comportamiento empresarial.

Según Baumol, las instituciones de cada sociedad pueden hacer que las actividades de los empresarios sean productivas, improductivas o destructivas, así:

  • Productivas: el empresario genera ganancias privadas y altos beneficios sociales, expresados en el crecimiento de la productividad y la renta per cápita;
  • Improductivas: beneficios privados para el empresario a costa de la sociedad, vía la captura de rentas o el crimen organizado;
  • Destructivas: empeora la situación de ambos y destruye recursos.

En la primera situación gana el empresario y gana la sociedad, en la segunda gana el empresario a costa de la sociedad, y en la tercera acaban por perder ambos. Pues en los escándalos recientes de Colombia cabría hablar de experiencias improductivas e incluso de situaciones destructivas o donde el empresario    corrupto también acaba por perder su riqueza.

Las maneras de actuar del empresario en cada sociedad o en cada época dependen fundamentalmente de las “reglas de juego” es decir, de la estructura de incentivos. Son estos incentivos, y no la oferta de empresarios, lo que subyace a los procesos de desarrollo de un país, a través de la asignación de los esfuerzos y capacidades de los emprendedores.

El talento empresarial se ha asignado de manera ineficiente porque las instituciones colombianas han estimulado las actividades propias de la industria extractiva, la acumulación de tierras y la captura de rentas como vías principales para obtener grandes beneficios privados. ​

Dos conclusiones importantes de Baumol:

– Primera: los emprendedores siempre han jugado un papel en la sociedad o, más precisamente,  una variedad de papeles según sea el uso de su creatividad y sus esfuerzos. Por eso la disponibilidad de emprendedores puede ser necesaria pero no es suficiente para lograr el desarrollo económico.

– Segunda: el que los empresarios sean “aquellas personas con ingenio y creatividad para encontrar los cauces que acrecientan su propia riqueza, poder y prestigio”, no necesariamente significa que su riqueza privada contribuya a la riqueza social; esto depende de las instituciones propias de cada sociedad.

Propuestas provisionales

En el empeño de combatir la corrupción, sería preciso entender que las actividades empresariales improductivas o destructivas se relacionan con el tipo de incentivos y castigos, formales e informales, que existen en Colombia. Es decir, con la gobernanza pública de la actividad empresarial.

Por supuesto, no se trata de las instituciones solamente. Pero hace falta introducir los contrapesos necesarios para asegurar la prevalencia de comportamientos productivos y desestimular los improductivos y destructivos.

El talento empresarial se ha asignado de manera ineficiente porque las instituciones colombianas han estimulado las actividades propias de la industria extractiva, la acumulación de tierras y la captura de rentas como vías principales para obtener grandes beneficios privados.

Para corregir esta situación sería preciso reformar los mecanismos, regulaciones, incentivos y castigos que operan como marco para el desarrollo de las actividades  empresariales. Reformas que desestimulen las actividades improductivas o destructivas, mientras se estimulan las actividades productivas.

La política de emprendimiento debería enfocarse menos en la creación de empresas y más en lograr que las ya constituidas –y las que están por crearse- abandonen comportamientos de captura de rentas, ilegalidad y destrucción de los recursos como estrategia de crecimiento y expansión de sus negocios.

Y hay que abandonar la idea que la empresa privada tiene un sesgo automático hacia la innovación. Esto no es cierto: tiene un sesgo solo hacia la acumulación de capital y el aumento de los beneficios privados.

Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/7389-riqueza-sin-escr%C3%BApulos-empresarios,-ilegalidad-y-corrupci%C3%B3n

Ciencia y tecnología en Colombia 2015: a paso de caracol

Otro mal año para la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) en un país que pretende ser competitivo. Pese a algunos avances en formación doctoral, seguimos descuidando el problema capital: la falta de interés empresarial en innovar.

Cómo medir la investigación

La convocatoria de Colciencias para medir la productividad de los 3.775 grupos de investigación registrados provocó un choque considerable entre esta entidad y los investigadores colombianos entre marzo y abril de 2015.

Los procedimientos y parámetros de evaluación de Colciencias fueron calificados como “burocráticos” y varios grupos reconocidos se abstuvieron de participar en la convocatoria o pidieron eliminarla. Entre las razones de la inconformidad se señaló que los términos de la convocatoria:

• Inhibían el trabajo interdisciplinario e interinstitucional,

• Estimulaban un modelo “productivista” limitado a la investigación aplicada,

• Ignoraban las lógicas del quehacer científico en las distintas disciplinas,

• Sesgaban la producción científica hacia la publicación de artículos en revistas indexadas, en detrimento de otros productos, como los libros, lo que afecta especialmente al campo de las humanidades.

La rebelión estalló en octubre y varios medios nacionales hablaron de “la mala hora de las humanidades”. De los 189 programas de doctorado que concursaron para recibir becas de Colciencias, solo 40 pasaron la evaluación preliminar y ninguno pertenecía a programas de ciencias humanas.

Para el gobierno está claro que el énfasis debe recaer sobre las ciencias exactas, dadas su presuntamente mayores productividad e impacto sobre el crecimiento económico. Tan grave fue la inconformidad que decanos de varias universidades se reunieron y crearon la Asociación de Facultades de Humanidades y Ciencias Sociales para expresar sus desacuerdos.

El fondo del debate es sobre la “pertinencia” y “calidad” de la investigación que se produce en Colombia. Este conflicto de visiones definirá la política pública de investigación de las próximas décadas: ¿hay que estimular la investigación básica o la aplicada? ¿Las ciencias naturales o las ciencias sociales y humanidades? ¿Hay que fomentar la publicación en revistas indexadas internacionales o en libros y revistas nacionales? ¿Debemos centrarnos en los problemas sociales o en el aparato productivo?

En Colombia hace falta un debate muy serio y muy intenso sobre los criterios para medir la productividad científica, que tenga en cuenta las particularidades de cada disciplina y el funcionamiento de la comunidad científica respectiva, al mismo tiempo que permita establecer comparaciones sobre la base de criterios de medición internacionales.

Edificio de Ciencia y Tecnología de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de colombia, Sede Bogotá.
Edificio de Ciencia y Tecnología de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.
Foto: Wikimedia Commons

Escasez de doctores e ingenieros

La falta de profesionales con doctorado vinculados a la academia y al sector productivo ha sido un problema constante para el avance de la ciencia y la innovación. Mientras en América Latina el promedio de profesionales con título de doctorado es 38 por cada millón de habitantes y en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es de 130 por cada millón de habitantes, en Colombia tenemos 6 apenas.

Ni duplicando las inversiones en formación doctoral el país podrá, acortar la brecha que tiene con países como México o Brasil.

Aunque desde hace una década Colciencias y otras entidades han avanzado para subsanar este déficit, ni duplicando las inversiones en formación doctoral el país podrá, acortar la brecha que tiene con países como México o Brasil, o los de la OCDE.

Problemas similares se observan en la formación de capital humano, y el déficit de ingenieros en las áreas de tecnología, energía eléctrica y agricultura es el mayor problema en este momento.

Entre las causas de esta situación figuran la mala calidad de muchas instituciones de educación superior, la carencia de las habilidades específicas que requiere el sector productivo, la baja remuneración económica, el alto riesgo de desempleo y el escaso interés de los bachilleres por estas carreras.

Aunque el déficit de científicos e ingenieros data del siglo XIX el problema fundamental radica en la desconexión entre la oferta de capital humano y la demanda de conocimiento por parte del sector productivo. Por eso no basta con aumentar el número de doctores o ingenieros; se necesita su efectiva incorporación al sistema de investigación y al aparato productivo.

No basta con aumentar el número de doctores o ingenieros; se necesita su efectiva incorporación al sistema de investigación y al aparato productivo.

Mientras el sector productivo no base sus estrategias de crecimiento y competitividad en actividades de innovación, la demanda de conocimiento en la sociedad colombiana será baja y los incentivos para mejorar la oferta de capital humano también serán mínimos.

Pobreza de la ciencia y la educación

Tal vez el único avance del último año que merece destacarse fue el de la inversión en formación doctoral- y aunque el atraso acumulado es tal que estos recursos siguen siendo insuficientes-

Pero además persisten los recortes de presupuesto. En agosto se anunció una nueva disminución del presupuesto de Colciencias para 2016 cercano al 20 por ciento (67.000 millones de pesos menos que en 2015). Esta entidad ha sufrido recortes sistemáticos que dificultan su tarea como organismo rector de la ciencia y la innovación, y que desmienten las declaraciones, leyes y decretos de un gobierno que dice que el conocimiento será la base de la competitividad del país.

En cuanto al rubro de inversiones en investigación y desarrollo (I&D) y actividades de ciencia, tecnología e innovación (CTI), el panorama es igualmente desalentador. Es de sobra conocido que Colombia tiene uno de los peores desempeños de Latinoamérica en esta área, con una inversión que no supera el 0,2 por ciento del PIB en I&D ni el 0,5 por ciento en actividades de CTI. Y el año que pasó no cambió esta tendencia.
Un problema especial es la baja inversión del sector privado: del total de inversión en I&D, cerca del 70 por ciento fue pública y solo un 30 por ciento fue privada.

Aunque poco sabemos sobre los mecanismos de innovación de las empresas colombianas, el sentido común sugiere que no invierten sencillamente porque no están interesadas. ¿Por qué no están interesadas? Un economista promedio respondería que no tienen los incentivos adecuados. Mientras se mantengan las “señales” actuales es decir, las reglas de juego derivadas del modelo de desarrollo económico basado en capturar rentas o en exportar materias primas de bajo contenido tecnológico, las empresas colombianas no necesitarán realizar inversiones en actividades de innovación para competir o crecer.

Según un informe de la OCDE, Colombia es el segundo país con menor inversión gubernamental en educación por alumno entre 32 países analizados. Luxemburgo, el primero en la lista, invierte en promedio 22.545 dólares al año por cada estudiante, mientras Colombia solo 3.291 dólares.

Todo apunta a que el compromiso del presidente en el Plan Nacional de Desarrollo para llegar en 2018 a una inversión del 1 por ciento del PIB en ciencia e innovación (50 por ciento del sector privado) será una promesa de papel.

El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría.
El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría.
Foto: OECD Development Centre

La esperada ley nacional de CTI

2015 cerró con la presentación del borrador de la “Política nacional de ciencia, tecnología e innovación 2015-2025”, que no ha sido bien recibida por varios sectores de la academia. Algunos han llegado a recomendar que el documento vuelva a redactarse porque piensan que no da respuesta a los complejos problemas de la ciencia y la innovación en Colombia.

Aunque se trata de un texto bien escrito y parte de revisar la literatura académica reciente sobre el particular, esa nueva política nacional de CTI se concentra en el aumento de inversión en formación doctoral y en actividades de I&D, abordando de manera marginal y con pocos instrumentos los problema de la baja inversión y capacidad tecnológica de las empresas y falta de interacción entre los agentes del sistema.

Más que un aumento de la inversión pública, necesitamos un cambio de incentivos para el sector privado: desestimular las estrategias rentistas, fomentar la competencia entre las industrias que no necesitan protección, apoyar la formación de capacidades tecnológicas y proteger algunos sectores vulnerables que tengan alto potencial de desarrollo tecnológico y de impacto sobre el crecimiento.

Más que un aumento de la inversión pública, necesitamos un cambio de incentivos para  el sector privado.

En segundo lugar habría que aumentar la interacción entre empresas, universidades y gobierno para aprovechar los beneficios de la formación doctoral y de los apoyos a proyectos de emprendimiento adelantados por Colciencias, Bancoldex e Inpulsa. De esta manera se ampliarán los derramamientos (spillovers) de conocimientos entre diferentes sectores y regiones, lo cual tendría un efecto positivo sobre la ciencia y la innovación en el país.

El panorama de 2016

El año que comienza es especial. El énfasis exclusivo sobre la estabilidad macroeconómica y la apertura económica de los gobiernos de los últimos 15 años no han resultado suficientes para construir una economía competitiva.

La crisis económica que se viene obligará a un cambio hacia nuevos modelos y estrategias. Es el momento de fortalecer las capacidades científico-tecnológicas en empresas, universidades y organizaciones civiles.

Esto solo es posible con una política de CTI articulada con la política industrial y educativa. El gobierno, las empresas y la sociedad civil avanzan en estos temas, pero con la velocidad de un caracol.

Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/9133-ciencia-y-tecnolog%C3%ADa-en-colombia-2015-a-paso-de-caracol

Ciencia y tecnología en el Plan Nacional de Desarrollo

Hoy se sabe con certeza que el conocimiento y la innovación son las claves del desarrollo. ¿Qué dice – y qué no dice- el plan de Santos II sobre este asunto, qué tantos y que tan serios son los cambios que podemos esperar?

Julio César Zuluaga*

Interés creciente

Esta semana el gobierno radicó el proyecto de ley del Plan Nacional de Desarrollo ‘Todos por un nuevo país’ 2014-2018, tras el proceso de discusión en las regiones que se llevó a cabo a partir del pasado mes de octubre.

Uno de los temas fundamentales del Plan es la política científico- tecnológica y de innovación (CTI), que además de aparecer con frecuencia y relieve crecientes en la formulación de los  planes de gobierno, es materia de escrutinio cada vez más cercano por parte de la ciudadanía. Así lo prueban, por ejemplo, el debate alrededor del programa de créditos-becas Ser Pilo Paga, o las críticas a iniciativas recientes de Colciencias, como los de repatriación de científicos y  medición de grupos de investigación.

Son señales de que hay fuerzas sociales importantes que reclaman una Colombia educada y a tono con los adelantos del siglo XXI.

El diagnóstico

El documento del Plan reconoce algunos serios atrasos en materia de CTI:

· Admite por ejemplo que aunque  la tasa de creación de empresas es elevada, tan solo un 6 por ciento de los nuevos emprendimientos pueden considerarse como innovadores; esto implica poca diversidad y baja productividad en la oferta exportadora, lo que nos hace vulnerables a los ciclos de precios internacionales.

· Igualmente el Plan señala la falta de coordinación entre y dentro del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) y el Sistema Nacional de Competitividad (SNC), lo cual limita la eficacia de ambos. Por esto el Plan reconoce que entidades como Colciencias, Bancoldex o las Comisiones Regionales de Competitividad necesitan ser revisadas y fortalecidas.

· Por su parte, las capacidades científicas y de investigación del país no muestran un panorama alentador. El gasto nacional en actividades de ciencia, tecnología e innovación fue de apenas 0,5 por ciento del PIB en 2013. Más aún: el gasto en Investigación y Desarrollo (I+D) es sólo un  0,2 por ciento del PIB (del cual sólo el 30 por ciento es financiado por empresas); en Brasil esta cifra es seis veces mayor (1,2 por ciento del PIB) y la  mitad del gasto es financiado por el sector privado; en la OCDE los valores respectivos son 2,4 por ciento del PIB y 65-75 por ciento invertido por empresas.

· En relación con el financiamiento público, el documento reconoce que el mayor presupuesto de Colciencias a partir del 2007 no se tradujo en un aumento proporcional de los fondos  asignados al fomento de la innovación, pues en promedio un 60 por ciento de los recursos se dedicaron a los programas de becas para estudiantes de postgrado. Inclusive, de manera implícita, se admite  que este esfuerzo de formación de recursos humanos es insuficiente, pues Colombia sólo cuenta con 0,4 investigadores por cada 1.000 habitantes (mientras que Uruguay tiene 1 y Argentina 3).

· En cuanto a las organizaciones, el Plan indica que los 66 Centros de Investigación y Desarrollo Tecnológico existentes en 2013 eran muy disímiles y en general poco eficaces como espacios  de cooperación entre universidades y empresas.

· No menos importante, el Plan señala que la inserción de capital humano avanzado en el sector productivo es baja y decreciente (según la Encuesta de Desarrollo e Innovación Tecnológica, el número de doctores en empresas manufactureras bajó de 471 en 2008 a 453 en 2010 y a 329 en 2012). Se entiende así que en las comparaciones internacionales sobre innovación, en temas como el registro de patentes y publicaciones científicas per cápita, Colombia esté rezagada ante países con un nivel similar de desarrollo.

Aunque enuncia los problemas anteriores, debo anotar que el Plan no alude a otras variables   importantes para un diagnóstico adecuado y para diseñar buenas políticas. Me refiero en especial a los problemas de diseño institucional que señalé en esta revista, como decir los de especificación y cumplimiento de las reglas de juego e incentivos para hacer que los actores del SNCTI se comprometan de veras con la innovación para el desarrollo y la inclusión social.

Edificio de ciencia y tecnología de la facultad de ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá
Edificio de Ciencia y Tecnología de la Facultad de Ingeniería de la Universidad
Nacional de Colombia sede Bogotá.
Foto: M. Ewert

El lugar de la CTI

Como se sabe, el  propósito del Plan es “construir una Colombia en paz, equitativa y educada”. Para lograr estos objetivos, el documento propone cinco estrategias transversales que  en alguna medida conciernen a la CTI: Infraestructura y competitividad estratégicas, Movilidad social, Transformación del campo y crecimiento verde, Consolidación del Estado Social de Derecho y Buen gobierno. Por supuesto la primera estrategia tiene más ingredientes de CTI.

Tan solo un 6 por ciento de los nuevos emprendimientos pueden considerarse como innovadores

De un total de 275.179 palabras en el documento, la palabra “ciencia” aparece 60 veces, “tecnología” o “tecnológica” aparecen 276 veces, e “innovación”, 175 veces (a modo de referencia, la palabra más usada es “desarrollo”, que aparece 1.249 veces).  Entre las expresiones más propias de la CTI figuran “competitividad” (183 veces), “sostenible” (190), “conocimiento” (127) y productividad (118). Por otra parte y aunque son reconocidos como ejes de la política de Santos, la “paz” es mencionada 255 veces y el “postconflicto” 11 veces.

Aunque esta ilustración numérica no dice nada en sí misma y puede expresar más bien el discurso internacional en boga- ¿la retórica de moda?- ofrece alguna idea sobre el lugar que ocupa la CTI en el programa de Santos.

En términos de objetivos, el Plan es ambicioso: en 2018 Colombia “habrá posicionado (sic) el conocimiento, la producción científica y tecnológica, y la innovación como el eje central de la competitividad, como hoja de ruta para convertirse en uno de los tres países más innovadores de América Latina en el 2025”. Y con el trabajo sistemático en “áreas focalizadas”, se “crearán clusters tecnológicos y ciudades con vocación marcada hacia la generación permanente de conocimiento y de innovación”.

Y sin embargo el Plan se queda corto al no especificar con claridad cómo van a lograrse esos loables resultados, de modo que podría repetirse la historia de gobiernos anteriores que prometieron lo mismo y no cumplieron. Esta versión del Plan se limita a señalar que el gobierno nacional, junto con todos los actores del SNCTI, se debe concentrar en la “creación y fortalecimiento de capacidades en capital humano, infraestructura, financiación y cultura de la CTI, avanzando a su vez en la calidad de la investigación y de la innovación que se realice”.

Pero, insisto, el documento dice poco sobre los mecanismos específicos, más allá de una mayor inversión en estos rubros, y de generalidades a propósito de: (1) Una “Política Nacional de CT+I de Largo Plazo” a cargo de Colciencias; (2) Una “Mayor Eficiencia del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del SGR” (Sistema General de Regalías);  (3) La “Evaluación y Eficiencia de los Instrumentos de CT+I”; (4) El diseño “Lineamientos de Propiedad Intelectual”; (5) Un “Programa de Compra Pública Innovadora” que incluiría mejor coordinación del gasto público, (6) Una “Ventanilla Única de Innovación” –portal web- que servirá como centro documental al respecto, además de  (7) La mención de “5 programas estratégicos de CT+I” –sin especificar- y el avance “en el diseño de un plan sectorial”.

Re-inventar la forma como se piensa sobre la innovación.

En el  plano institucional, las principales propuestas son: (1) Crear un “nuevo Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología, Innovación y Competitividad” que “será liderado por la Alta Consejería para la Competitividad e Innovación, y su Comité Ejecutivo ejercerá como la máxima instancia de coordinación para las políticas y programas que busquen incrementar la productividad a través de estrategias de CT+I.”, (2) Reestructurar Colciencias de manera que “tenga una estructura administrativa independiente para las labores de formulación y de ejecución”, y (3) “Un esquema (sic) de gobernanza para la CTI con roles de ejecución claros” donde Colciencias liderará la “ejecución de instrumentos relacionados con la oferta de conocimiento estratégico” y Bancoldex “liderará la ejecución de aquellos relacionados con la demanda de soluciones por parte de las empresas”.

En síntesis, la centralidad de la CTI en el discurso parece no verse reflejada en transformaciones institucionales significativas para alcanzar los objetivos propuestos.

Doctora en un laboratorio rodeada de tubos de ensayo
​Pocas empresas y centros de investigación cuentan con personal con título de doctorado.
Foto: CIAT

Puntos a revisar

Una forma de enriquecer el Plan es señalar sus ausencias y puntos a reconsiderar. Aunque no puede hacerse en estas pocas líneas, en mi opinión sería fundamental:

· Repensar el punto de partida conceptual del Plan esto es, el enfoque de la “función de producción de conocimiento”: la vieja idea de que para estimular la capacidad de innovación basta con aumentar la inversión en capital humano e I&D. Esta forma de abordar la política de CTI ha tenido efectos muy limitados sobre el cambio estructural de países como Colombia, donde existen problemas persistentes como desconexión entre oferta y demanda de conocimiento, mercados politizados y predominio de comportamientos rentísticos, entre otros asuntos específicos del contexto latinoamericano que no contemplan los enfoques convencionales sobre política de CTI.

· Re-inventar la forma como se piensa sobre la innovación. Abandonar la idea de que la CTI concierne solo a los problemas de competitividad empresarial, crecimiento económico e “incremento de la productividad”. La CTI también es decisiva cuando  se trate de remediar la pobreza y reducir la desigualdad: el enfoque de innovación para la inclusión social y el desarrollo viene demostrando avances en varios países, como una forma de conectar la oferta y demanda de conocimiento e incentivar la innovación de empresas y organizaciones.

· Moverse del “qué se quiere” al “cómo lograrlo”. El silencio del Plan en torno al problema del “cómo” es preocupante, ya que se asemeja más a un lista de chequeo que a una verdadera estrategia nacional.

· Y sobre todo, lograr que la CTI sea el eje de desarrollo implica abandonar el modelo   imperante en las últimas tres décadas. La experiencia internacional y la evidencia histórica muestran que ningún país ha logrado el desarrollo sin una verdadera revolución en su entramado institucional y un cambio en su política económica. En este sentido, el modelo centrado en la exportación de materias primas debe repensarse, ya que en sus dos versiones (las de 1880 y 1990) ha demostrado ser insostenible a largo plazo y con efectos limitados.
Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/8233-ciencia-y-tecnolog%C3%ADa-en-el-plan-nacional-de-desarrollo

¿Qué hacemos con Colciencias?

Otro recorte presupuestal y otro cambio en la dirección confirman el ya viejo descuido de una política crucial para Colombia. ¿Quién tiene la razón, dónde estamos y- sobre todo – qué podemos hacer para bien del país -y de Colciencias-?

Julio César Zuluaga*

La clave del desarrollo

Uno de los últimos reportes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que la distancia en riqueza entre los países ricos y los pobres es de 46 años. Esto quiere decir que si las cosas siguen como van, los países en vías de desarrollo, como Colombia, tendrán los niveles de vida que hoy tienen los desarrollados hacia el año 2060.

Por eso, el reciente debate sobre el recorte y el valor del presupuesto para Colciencias no es un tema menor. Para la comunidad académica y para amplios sectores de la ciudadanía – y aunque en menor medida, también para el gobierno- es claro que el bienestar de las próximas generaciones depende de la inversión que hagamos hoy en ciencia, tecnología e innovación (CTI).


Una solución al problema presupuestal de
Colciencias es una reforma progresiva de la
ley de regalías.
Foto: Consejo Nacional Electoral

El rifirrafe

Esta semana tuvo lugar un rifirrafe entre la directora de Colciencias y el alto gobierno en cabeza del ministro Mauricio Cárdenas. El debate comenzó cuando Paula Marcela Arias declaró durante la Convención Científica Colombiana (Suma) que el Departamento Nacional de Planeación (DNP) le había informado que el presupuesto para Colciencias sufriría una disminución significativa (289.000 millones de pesos para 2015, o sea 125.000 millones menos que los asignados para 2014).

Este recorte implicaría el fin del programa estrella de Colciencias (el de formación doctoral), además del de jóvenes investigadores, de modo que Arias invitó a científicos y académicos a manifestar su descontento.

Inmediatamente el Ministro de Hacienda aseguró que no era cierto que el gobierno  fuera a quitarle dinero a la ciencia y la tecnología, y añadió que bajo el gobierno Santos los fondos para el sector habían aumentado considerablemente, recordando la inversión del 10 por ciento de las regalías.

En el caso especifico de Colciencias, Cárdenas  aclaró que la carta del DNP a la directora no incluía un monto adicional de becas a través de COLFUTURO y aludía tan solo al cupo de “referencia”, no necesariamente a la asignación final que corresponde hacer al Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES).

En todo caso el gobierno procedió a pedir la renuncia de Paula Arias, un hecho que se suma a la cadena de retiros de Colciencias, casi todos debidos a la falta de apoyos y recursos para ejercer la dirección del flamante “Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación”.


El Presidente Santos en la entrega de becas Colfuturo.
​Foto: Presidencia de la República

Los hechos

Más allá de este debate, y si se miran a lo largo del tiempo los presupuestos de Colciencias, es evidente que el Estado no considera prioritarias a la institución ni a las  actividades de promoción de ciencia y tecnología que adelanta.

Por ejemplo, aunque desde 2002 se ha registrado un ligero aumento del presupuesto, este no corresponde al crecimiento de la economía ni a las nuevas tareas que  le fueron encomendadas a Colciencias desde 2009 (fecha de la reforma que la elevó al rango de   departamento administrativo).

El presupuesto de defensa en 2012 fue de 23,8 billones de pesos, el de educación fue 22 billones y el de transporte 26 billones. Colciencias recibió 395.537 millones.

En lugar de crecer o de estabilizarse al menos, el presupuesto de Colciencias ha oscilado  entre el 0,71 por ciento del presupuesto nacional en 2002, el 0,58 por ciento en 2009, el 1,27 en 2009, el 1,09 en 2011 y el y el 1,11 en 2012. Para comparar, el presupuesto de defensa fluctúa alrededor del 15 por ciento del total.

Lo que puede esperarse

Aunque el ministro aseguró que no habrá recortes, parece claro que en 2015 no habrá mejoras en la financiación.

Según informa  La Silla Vacía, el gobierno  tenía planeado el recorte pero no anticipó la reacción de la directora. Y en efecto en la sesión del CONPES de este mismo miércoles (9 de julio) se propuso la suma de 379.000 millones como el presupuesto de Colciencias para el próximo año.

En materia de regalías habrá que esperar las reformas que anunció el gobierno, pero de entrada preocupa su intención de darles más autonomía a los gobernadores y reasignar recursos hacia las regiones generadoras de las regalías, lo cual implicaría que Colciencias deje de ejercer la supervisión técnica de los proyectos, aumentando los riesgos de despilfarro y mala calidad de estas cuantiosas inversiones.

Por otro lado, aunque el 10 por ciento de regalías significó una mejor financiación, Colombia sigue estando por debajo del promedio latinoamericano. Por ejemplo, entre  2002 y 2010 el promedio regional de inversión en CTI pasó de 0,68 a 1,13 por ciento sobre el PIB,  pero en Colombia pasó solo de 0,31 a 0,46 por ciento.

Las cifras pues demuestran que ni gobiernos anteriores ni el actual han hecho un esfuerzo planeado, suficiente y sostenido para construir y mejorar las capacidades científicas, tecnológicas y de innovación.

Propuestas

Fortalecer a Colciencias no solo implica aumentar su presupuesto – aunque sea fundamental-.  Como argumenté en otros textos para Razón Pública, las debilidades de Colciencias se deben sobre todo a la precariedad o inexistencia de una política de CTI de largo plazo.

Por eso es necesario que la comunidad académica y la ciudadanía se movilicen como lo han venido haciendo  para exigir aumentos en la inversión y, sobre todo para que la  CTI no sea no una sino la principal locomotora del desarrollo nacional. En esta dirección habría que proponer:

El bienestar de las próximas generaciones depende de la inversión que hagamos hoy en ciencia, tecnología e innovación (CTI).

· Que Colciencias adquiera estatus real de Ministerio de ciencia tecnología e innovación. La diferencia entre un departamento administrativo y un ministerio consiste en que el primero constituye una unidad técnica que no puede promover agenda legislativa, mientras que un ministerio si lo hace. Esto ayudaría a mejorar el diseño de los mecanismos y políticas para el fomento de la CTI (por ejemplo en el tema de regalías). Al no tener un doliente con capacidad de impulsar cambios normativos, la política de CTI está huérfana, es impotente y, por ende, inoperante.

Lo anterior supondría que la Dirección de Colciencias no sea de libre nombramiento y remoción ni constituya una cuota partidista. Que la ocupe una persona con saber demostrado sobre este asunto crítico y complejo, con  experiencia gerencial en el fomento de la CTI, con independencia frente a la clase política (por ejemplo, que no hayan ocupado cargos de elección popular durante los últimos 8 años).

Una fórmula como esa reduciría la inestabilidad en los cargos y los problemas de riesgo moral (falta de control sobre los comportamientos de los políticos por parte de la academia y la ciudadanía), costos de oportunidad (el hecho de que  las inversiones en CTI se vean recortadas debido a otras urgencias-   salud, vivienda, carreteras- que ofrecen retornos electorales más altos y más rápidos), de “accountability” (rendición de cuentas) y de corrupción asociados con el ejercicio tradicional de la política.

· Una reforma progresiva de la ley de regalías para CTI y no regresiva como la que anunció el gobierno. Como argumenté anteriormente, el 10 por ciento de regalías fue un gran avance en materia de CTI; pero después de tres años de vigencia, quedan claros también los problemas que deben corregirse. Problemas referentes  sobre todo a la manera de asignar los recursos, a los muy altos costos de transacción y a las dificultades de coordinación entre los actores. Desde el gobierno central, las gobernaciones y la academia se han producido llamados a la reforma, que han sido tema de confrontación entre academia y gobierno.

Frente a las intenciones del gobierno:

1) Debe mantenerse el espíritu de equidad de la ley al invertir en el desarrollo científico-tecnológico de las regiones más atrasadas; pero,

El presupuesto de defensa en 2012 fue de 23,8 billones de pesos, el de educación fue 22 billones y el de transporte 26 billones. Colciencias recibió 395.537 millones.

2) Debe reformularse el mecanismo de gobierno y asignación de las inversiones, de manera que las regiones con organizaciones con capacidades en CTI transfieran el conocimiento a organizaciones que se encuentran en regiones rezagadas.  Para esto es crucial fortalecer la Secretaría Técnica de Colciencias y dotarla de capacidad ejecutora como garante de la calidad y pertinencia regional de los proyectos.

No existe mucha experiencia internacional en este tipo de instituciones, pero Colombia  se arriesgó con ese 10 por ciento para la CTI (que, dicho sea, debería aumentarse sustancialmente) y debe seguir aprendiendo. El camino es largo y existen incertidumbres y fallas. Lo único seguro es que la inversión en CTI paga, y con unos retornos muy altos.

Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/7752-%C2%BFqu%C3%A9-hacemos-con-colciencias

Producción científica en las universidades: ¿cómo estamos?

El debate sobre la calidad de la educación en el país tiene varias aristas. Una de ellas puede ser el informe anual SCImago sobre la producción científica de las Instituciones de Educación Superior. Este texto analiza algunos de los resultados.

¿Por qué leer el informe?

El informe SCImago de 2014, (periodo 2012-2008), sobre la producción científica de las Instituciones de Educación Superior (IES) en Iberoamérica fue publicado recientemente. Los resultados son importantes para Colombia porque permiten comparar nuestra producción de conocimiento con las de de otros países en un estadio similar de desarrollo.

Es importante involucrar a toda la comunidad científica en la formulación de las políticas de producción de conocimiento; pero esto supone que la comunidad se despoje de su actitud arrogante e inquisitiva frente a los agentes de política.

El informe arroja nuevas luces para el debate en curso sobre la calidad de la educación colombiana,  además de las tocantes a la construcción de capacidad científica, tecnológica y de innovación; a regalías de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI); a inversión en ciencia básica versus ciencia aplicada, al nuevo sistema de medición de grupos de investigación de Colciencias, y a cuestiones similares.

En un país donde la política educativa, científica y tecnológica se formula y ejecuta de modo desarticulado y con poco sustento en evidencias, es conveniente revisar los datos de este estudio comparativo.


Universidad de Antioquia, en Medellín.
Foto: Edwin Zacipa

Las que más publican

El SCImago no constituye un “ranking” de universidades, como de forma ligera se presentó en algunos medios. Es una clasificación basada en el número de publicaciones y n su ponderación según el grado de influencia de la revista respectiva, según los datos registrados en la base “Scopus”. El informe ofrece indicadores como las redes de colaboración internacional, el impacto científico y la especialización temática de estas organizaciones.

En el ámbito nacional (cuadro 1), las universidades con mayor número de artículos publicados en revistas académicas (columna O) son:

  • Nacional de Colombia (6.077),
  • de Antioquia (3.187),
  • de los Andes (2.423),
  • del Valle (1.676) y
  • Javeriana (1.425).

En la columna IBE se observa que las tres primeras IES colombianas ocupan los puesto 38, 75 y 90, respectivamente. Teniendo en cuenta las universidades de Latinoamérica (columna LAC), los puestos pasan a ser el 18, 37 y 46.

Para tener una idea de la magnitud del rezago del país, el primer puesto en Iberoamérica y Latinoamérica lo ocupa la Universidad de Sao Paulo, con un total de 51.283 documentos (8 veces más que la Nacional de Colombia). El segundo y tercer puesto lo ocupan las Universidades de Lisboa y Nacional Autónoma de México con 20.712 y 20.531, respectivamente.

Tabla 1. Fuente: SIR Iber Colombia 2014.

Inserción internacional

No menos interesante, en términos de inserción en redes internacionales de investigación, es el indicador “% IC”, o porcentaje de la producción de la IES publicada en colaboración con IES fuera del país. Según este dato, la más internacionalizada entre las cinco primeras universidades de Colombia es la de los Andes (56 por ciento), seguida de cerca por la de Antioquia (49 por ciento) y la del valle (48 por ciento). En Iberoamérica, las universidades de Sao Paulo, Lisboa y Nacional Autónoma de México tienen el 26, 48 y 40 por ciento, respectivamente.

Tener un alto o bajo porcentaje no es positivo o negativo. Estos datos indican que cada país se encuentra en una fase –y emplea una estrategia− distinta de producción científica. Un alto porcentaje puede obedecer a la búsqueda de colaboraciones como un modo de  desarrollar aprendizajes y adquirir experiencias o conocimiento no disponibles en el contexto local.

Por ejemplo, una universidad como la de Sao Paulo, que tiene 51.283 artículos, solo tiene 26 por ciento en colaboración internacional; mientras tanto Los Andes, registra 2.423 artículos y un 56 por ciento en colaboración: son dos universidades con grados de desarrollo y estrategias diferentes. Este es un punto a tener en cuenta en las políticas, para evitar sesgos en el momento de evaluar -o financiar- a las IES.


Universidad Antonio Nariño.
Foto: Wikimedia Commons

El círculo virtuoso

Colombia ocupa un lugar prestigioso entre las IES latinoamericanas, pese al rezago evidente frente a algunos países de la región.

Dentro de Colombia ocurre algo parecido. La mayoría de las IES están rezagadas en relación con las tres universidades líderes, al menos en términos de producción científica. En comparación con  países como Brasil y Chile, puede decirse que aquí es mayor la concentración de la producción científica en unas pocas IES.

En efecto: las líderes están ubicadas en las tres ciudades principales (Bogotá, Medellín y Cali); son las más grandes y las que tienen más recursos para investigar, lo cual redunda en más reputación social y más capacidad atraer estudiantes, profesores calificados e incluso financiamiento público. Es un círculo virtuoso que pone en desventaja a las universidades medianas o ubicadas en regiones apartadas.

Un caso desconcertante

Más allá del problema de los recursos están los de calidad, impacto y relevancia de la producción científica.

En este punto sería bueno analizar el caso de la Universidad Antonio Nariño. Es una IES  mediana y relativamente poco conocida en el país, que sin embargo ocupa el puesto 18 entre las IES colombianas, con 260 artículos, y una proporción muy alta de colaboración internacional (83 por ciento).  En otro indicador, el Impacto Normalizado (NI) – donde se tiene en cuenta el número de citaciones de los artículos- esta universidad logra 6,4, mientras que las tres primeras universidades de Colombia tienen  0,57, 0,69 y 1,67, respectivamente. No menos, en el indicador de publicaciones de alta calidad (columna %Q1), la Antonio Nariño logra un valor bastante alto (62.3), mientras que la Nacional, de Antioquia y los Andes llegan a 21, 27 y 39, respectivamente. Lo mismo ocurre con el indicador Ratio de Excelencia %Exc que mide el porcentaje de producción científica de una institución incluida en el grupo de trabajos más citados de su campo científico; la Antonio Nariño tiene un 40 por ciento frente a un 4, 6 y 16 por ciento de las tres primeras del país.

A pesar de estos porcentajes, y de que los datos la ponen por encima de las universidades líderes, la Universidad Antonio Nariño no está dentro de las tres primeras del país.

Y al final… más temas de debate

A todas luces, más allá de este ejercicio rápido y parcial sobre algunos hallazgos del informe SCImago, necesitamos  seguir discutiendo y llevar al espacio de las políticas públicas los problemas tocantes a la productividad de las inversiones, al impacto y a la relevancia de la investigación científica en Colombia.

Por ejemplo, en el debate sobre regalías todavía no es claro, como algunos sostienen, que la inversión deba concentrare en las regiones con universidades líderes, sobre todo porque existen sanas sospechas sobre a la productividad, impacto y relevancia de la producción de estas universidades.

También existen preguntas sobre el tipo de conocimiento que deben producir las IES, como decir:

  • Deben tratar de aumentar el número de artículos en revistas indexadas internacionalmente, o deben orientarse a producir patentes o registros de diseño industrial con aplicaciones comerciales.
  • Deben reforzar los vínculos entre las IES nacionales o los nexos con universidades extranjeras.
  • (En 2013 asistimos a debate tan intenso como estéril sobre si el país debería hacer investigación básica o aplicada).
Más allá del problema de los recursos están los de calidad, impacto y relevancia de la producción científica.

Comunidad y planeación

Por otro lado, es importante involucrar a toda la comunidad científica en la formulación de las políticas de producción de conocimiento; pero esto supone que la comunidad se despoje de su actitud arrogante e inquisitiva frente a los agentes de política.

Por ejemplo, el cambio del modelo de medición de Colciencias, donde de los 219.482 investigadores registrados en sus bases, apenas 1.092 opinaron sobre la construcción de este modelo. No estamos pensando como comunidad. Y si embargo nadie distinto de la  comunidad científica podrá convencer a la opinión y a los agentes de política que la inversión en ciencia y educación es rentable, guste o no guste ese concepto.

No menos, se necesita entender que la política científico-tecnológica no es tan racional, tan sin fricciones y tan exenta de incertidumbres como se piensa a menudo. Necesita de   planeación a largo plazo, pero también de ensayo-error y análisis de los datos, con seguimiento constante y capacidad de adaptación y corrección, donde converjan los actores directamente interesados y quienes posean conocimiento relevante. Pero urge sobre todo  articular los diferentes actores del sistema educativo y científico-tecnológico para  formular  una ley general de CTI.

Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/7577-producci%C3%B3n-cient%C3%ADfica-en-las-universidades-%C2%BFc%C3%B3mo-estamos

La política en ciencia, tecnología e innovación en el 2013: retos para el futuro

Este año fue especialmente importante por las iniciativas gubernamentales y el aumento notable en la inversión. Avanzamos en financiar proyectos e investigadores, pero persisten serias limitaciones y Colombia sigue muy rezagada en este campo.

La agenda en ciencia y tecnología

En materia de políticas de Ciencia y Tecnología (CTI) el 2013 fue muy movido.

Algunos de los temas debatidos fueron la aplicación del modelo de regalías; la desindustrialización; las críticas a Colciencias; la discusión entre financiar ciencia básica o aplicada; el inicio de esfuerzos para repatriar científicos colombianos en el exterior; los cambios en el sistema para financiar la formación doctoral, y la medición de la producción científica de los grupos de investigación.

Ministerio TIC Colombia En materia de políticas de Ciencia y Tecnología (CTI) el 2013 fue muy movido.

Más allá de los avances y retrocesos, cabe resaltar que los temas de CTI se perfilan cada vez más como demandas de la opinión pública y como una dimensión importante en las políticas públicas.

Para el 2014 otros temas adicionales serán objeto de discusión: la conexión de las capacidades científico-tecnológicas disponibles con la resolución de problemas nacionales; la necesidad de un cambio institucional en la gobernanza de la CTI para estimular la eficiencia de los instrumentos y organizaciones del sistema nacional de innovación y, sobre todo, las políticas para desestimular los emprendimientos de tipo improductivos (rentísticos) y destructivos, al estimular aquellos de tipo productivo basados en la innovación que aumenten los beneficios sociales.


Edificio de Ciencia y Tecnología en la Universidad
Nacional de Colombia.
Foto:  M. Ewert

Decálogo de problemas centrales en ciencia y tecnología

El país se encuentra en el medio de un proceso de aprendizaje interesante, estimulado por el crecimiento estable de su economía. Un aprendizaje que se nutre de ensayos y errores, derivados de la incertidumbre que significa comenzar a (re)pensar y poner en práctica una serie de políticas para generar un proceso de desarrollo económico-social basado en la producción científico-tecnológica y en la  generación de innovación.

Sin pretender ser exhaustivos, podemos diferenciar diez aspectos centrales relacionados con la situación del país en ciencia y tecnología:

1. Cambio institucional en la gobernanza de la CTI. Todo proceso exitoso en materia de CTI incluye un proceso amplio de cambio institucional, entendido como la creación del ambiente, los instrumentos y organizaciones que permitan llevar a cabo la gobernanza de las actividades de CTI. En este sentido, el 2013 fue el inicio de una serie de cambios orientados a aumentar la eficiencia de sus instituciones, a poner los temas de CTI en la discusión pública y al mismo gobierno como un elemento fundamental del desarrollo del país.

Entre los innumerables retos, el país debe orientar sus esfuerzos en desestimular a nivel institucional (en términos de valores, actitudes e incentivos) los emprendimientos improductivos y apoyar y fortalecer los productivos, de manera que la CTI sea cada vez más un elemento central de la competitividad y de la eficiencia de las organizaciones colombianas.

Este reto es fundamental porque una parte importante de las empresas colombianas derivan sus ganancias de actividades rentísticas (monopolios, corrupción, ilegalidad, etc.) y otras de actividades destructivas del medio ambiente y la riqueza ya creada (por ejemplo las riquezas derivadas de la destrucción del medio ambiente y del conflicto interno), reduciendo con ello los beneficios sociales. Los beneficios privados de las empresas y los empresarios cosas, se dan en una gran proporción a través de la reducción de los beneficios que recibe o recibiría la sociedad.

En términos de política de CTI, esto quiere decir que las empresas colombianas nunca serán innovadoras porque son rentistas, al tiempo que son rentistas porque no basan su estrategia de crecimiento y obtención de ganancias en generar innovación. Son poco innovadoras porque se orientan especialmente a capturar rentas y no tienen los incentivos para llevar a cabo actividades de innovación.

Para romper este ciclo es preciso un cambio institucional, pero la dirección y la intensidad de este cambio es difícil de prever, inclusive de direccionar. Lo que sí está claro es que no puede ser la simple copia y traslado del tipo de instituciones del caso norteamericano o inclusive europeo. Como muestra la experiencia asiática, el proceso de cambio institucional deberá ser endógeno y dependiente de la trayectoria histórica de Colombia y Latinoamérica, aunque estando atento a los aprendizajes de otras naciones que han sido exitosas en dicho proceso.

2. Aumentar al gasto público y privado en I&D. Aunque el país ha aumentado el gasto en este campo, este aún es bajo si lo comparamos con el de países de ingreso medio. Aumentar el gasto público es una tarea fundamental para el 2014 y los próximos años, así como lo es incentivar al sector privado para que aumente el gasto en I&D como estrategia de crecimiento de sus empresas.

Más allá de los avances y retrocesos, cabe resaltar que los temas de CTI se perfilan cada vez más como demandas de la opinión pública y como una dimensión importante en las políticas públicas.

3. Estimular el aprendizaje científico-tecnológico. Como la “paradoja europea” muestra (los altos niveles de inversión en I&D y capacidad científica no han garantizado que Europa tenga el liderazgo tecnológico e industrial), invertir en I&D no es suficiente para lograr una economía desarrollada y tecnológicamente competitiva. Es necesario también generar el ambiente para que los individuos interactúen, estimular las actitudes favorables a la colaboración entre las organizaciones y establecer los medios para que el conocimiento se difunda fácilmente a través de los actores del sistema de CTI.

Durante los últimos años el país ha visto una explosión de organizaciones, programas y proyectos focalizados en estimular la ciencia y la tecnología, pero no se ha logrado que estas organizaciones interactúen y colaboren ni que los programas y proyectos estén articulados y sean coherentes con otros que persiguen iguales objetivos. Esta es la dimensión intangible de los procesos de innovación que la política de CTI en Colombia no ha tenido en cuenta seriamente en sus instrumentos. En el 2014 debe comenzar un proceso de mayor articulación entre los diferentes agentes del sistema nacional de CTI.

4. Conectar la política de CTI con la formulación de una política industrial y educativa. Tal vez el tema más sonado del 2013 en el país en materia económica fue el de la desindustrialización, por ello es pertinente recordar que la experiencia internacional muestra que ningún país ha generado un cambio cualitativo de sus capacidades en CTI sin una política industrial explicita y agresiva. Es necesario generar el ambiente, los estímulos e incentivos para que la innovación sea un motor de trasformación en los procesos de desarrollo económico del país. Esto es posible no sólo aumentando las capacidades en CTI sino articulando dichas capacidades con el desarrollo del sector productivo.

Colombia debe empezar a pensar su política industrial (y sobre todo dejar de tenerle miedo a discutirla), teniendo en cuenta los aprendizajes del periodo sustitutivo de importaciones. Adicional a esto, debe articular su política de educación y formación con la necesidad de mano de obra cualificada para el sector productivo (aumento de la productividad) y de aumento de la calidad en competencias generales necesarias para el impulso de la ciencia (aumento de la producción científica).

Entre los innumerables retos, el país debe orientar sus esfuerzos en desestimular a nivel institucional (en términos de valores, actitudes e incentivos) los emprendimientos improductivos

5. Fuga de cerebros. Uno de los problemas más urgentes que afronta el país en materia de construcción de sus capacidades científico tecnológicos es el de la fuga de cerebros. Aunque Colciencias acaba de lanzar un programa de repatriación, los incentivos económicos (recursos para el retorno, la seguridad social e incentivos aduaneros, financieros y tributarios), a los que se dirigen los esfuerzos de la política, no son la solución al problema. La principal razón por la cual los científicos colombianos se quedan en el exterior no es el tema salarial (en Colombia son bastante competitivos). El verdadero problema reside en la falta de condiciones para que los investigadores lleven a cabo su labor en un ambiente que les permita aprovechar las oportunidades derivadas de su formación de primer nivel y calidad y el hecho de contar con un país con numerosos y atractivos problemas para investigar.

6. Inserción de doctores y capital humano cualificado en la estructura productiva del país. La mayoría de los doctores graduados durante el 2013 y el 2014 irán a trabajar en universidades -otros pocos en centros de investigación-; sin embargo la oferta de doctores a futuro superará la capacidad de estas organizaciones de absorberlos, con lo cual se reforzará aún más el círculo vicioso de la fuga de cerebros, ya que los nuevos doctores no tendrán el espacio para desarrollar sus capacidades adquiridas una vez finalizados sus estudios doctorales.

Una solución efectiva en países como Alemania ha sido incorporar la mayor parte de sus doctores en la industria. Sin embargo, en el país el tema de la inserción laboral del creciente número de doctores en las empresas es complejo, en la medida en que la mayoría de las empresas del país no basan sus estrategias de crecimiento y competitividad en la generación de innovación. Por ello, la convocatoria de Colciencias este año para pagar los salarios de los doctores que entraran a trabajar en el sector productivo no generó interés y fue declarada desierta al no tener ninguna empresa interesada en acceder a los recursos (en caso de que alguna empresa hubiera accedido, sus efectos hubieran sido muy limitados).

En general, las empresas colombianas no contratan doctores porque se dedican a actividades rentísticas y son poco innovadoras; y son poco innovadoras porque no llevan a cabo actividades de innovación que involucren el conocimiento que solo son capaces de generar los doctores. Como se ha señalado, para cambiar esto es preciso adecuar los incentivos para que las empresas contraten personal con título doctoral a nivel de alta y mediana gerencia, inviertan en actividades de innovación al contratar doctores en los campos del diseño industrial, la gerencia, la ciencia social, ingeniera y demás áreas en las cuales pueden desarrollar actividades de I&D. Estos incentivos, como se señaló, requieren de un cambio institucional en la gobernanza de la CTI y en los incentivos económicos a las actividades empresariales; cambio que es largo, complejo e incierto pero que debe ser puesto en la discusión.

7. Conectar la oferta con la demanda de conocimiento. El país cuenta con una creciente capacidad en materia científico-tecnológica. Pero mientras no se conecte con la solución de problemas nacionales (pobreza, medio ambiente, violencia, salud pública, etc.) dicha capacidad será subutilizada. Un tema que será determinante en este sentido es el impulso a las innovaciones sociales, entendidas como productos y/o servicios nuevos/mejorados, orientados a la solución de problemas nacionales y que tengan como objetivo central la inclusión social.

Durante el 2013 este tema comenzó a tomar fuerza en el país, junto con el del emprendimiento que ya cuenta con casos exitosos interesantes. El fomento a la innovación social ha mostrado ser un mecanismo efectivo para conectar oferta con demanda de conocimiento en países en desarrollo (la India y algunos países africanos y latinoamericanos por ejemplo).

8. Asignación de recursos para investigación. Durante el 2013 aumentaron los recursos totales destinados a financiar la investigación. Sin embargo, Colombia no sólo cuenta con recursos limitados para financiar la investigación sino que el monto mayor de los recursos disponibles se ha focalizado hacia la investigación aplicada. En este sentido la pregunta sobre cómo financiar la investigación básica o aplicada cobra especial complejidad planteada en términos prácticos.

Determinar el tipo de ciencia que debe fomentar Colombia no es una cuestión sencilla. Lo que sí está claro es que ningún país ha salido del atraso tecnológico sin un avance en su capacidad de hacer ciencia básica y con el acento excesivo en la ciencia e investigación aplicada sólo produce países que adoptan tecnología y se rezagan tecnológicamente, como sucedió en América Latina durante el periodo de sustitución de importaciones.

9. Evaluación del proyecto de regalías. El proyecto de regalías constituye un avance sin precedentes en la política pública de construcción de capacidades en CTI en el país (sobre todo en temas de inversión y alcance de objetivos). Sin embargo, como toda política, es objeto de una alta incertidumbre en su proceso de implementación y en la efectividad de sus instrumentos. Para ello el monitoreo y la evaluación son determinantes por cuanto permiten hacer diagnósticos que permitan asegurar que los recursos sean efectivamente asignados y los objetivos de corto y largo plazo alcanzados. En el 2014 debe comenzar una evaluación de esta política para que en el mediano plazo se puedan hacer los correctivos necesarios.

10.  Debilidad institucional de la política de CTI. La debilidad institucional en materia de CTI es evidente. Los debates y críticas durante el 2013 alrededor de la principal institución en la materia –Colciencias- evidencian los numerosos problemas y el largo trecho que afronta la gobernanza de la CTI en el país. Durante el 2014 se debe fortalecer y profesionalizar Colciencias, elevarlo a categoría de ministerio de CTI, dotarlo de mayores recursos y articularlo orgánicamente con entidades que persiguen objetivos similares.


Colombia se encuentra en un proceso de
replanteamiento de sus políticas para fomentar un
desarrollo económico-social sustentado en la ciencia
y la tecnología.
Foto: Ministerio TIC Colombia

Estimular y apoyar la investigación sobre temas de CTI

En el contexto de  América Latina Colombia está rezagada en investigación en temas de CTI. En el 2013 Colombia fue sede de congresos internacionales y nacionales importantes y algunos reportes e investigaciones relacionadas con este tema hicieron aportes importantes, no obstante es poco lo que se sabe sobre los procesos de innovación y generaciones de ciencia en el país. Esto limita la toma de decisiones basada en la evidencia y la implementación efectiva de políticas de CTI.

Un problema especial  se genera por la dificultad de acceder a los datos. Aunque Colombia es uno de los países latinoamericanos más ricos en términos de producción de datos sobre actividades de CTI, esta riqueza aún no es explotada por los obstáculos y barreras en el acceso y por la falta de recursos que apoyen la investigación en estos temas.

Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/7261-la-pol%C3%ADtica-en-ciencia,-tecnolog%C3%ADa-e-innovaci%C3%B3n-en-el-2013-retos-para-el-futuro